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  SIGLO XX
 
 
 
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CAPITULO IX

 

 

9.-       SANTA ANA SIGLO XX

PROCESO DE CONSOLIDACION.

 

 

Después del acomodo político administrativo generado por la Constitución de 1886, a comienzos del siglo XX, surgen algunos hechos de vital importancia que perfilaron las directrices del municipio, para destacar encontramos : La guerra de los Mil días la cual generó una oleada importante de gentes migrantes de Cundinamarca, el alto Boyacá y Santander, personas que huyeron acosados por la violencia y tomaron posesión de algunos sectores del municipio en busca de mejores alternativas de vida.

 

Los migrantes llegan a Santa Ana inicialmente al casco urbano donde toman posesión de algunos sectores aledaños; posteriormente, ante la presión de los moradores y transcurrido algún tiempo se desplazan hacia la zona rural, especialmente a las zonas altas que comprenden las veredas de San Emigdio, San Isidro y San Pedro por cuanto les favorecían las condiciones climáticas y la poca población existentes en estos sectores, pues, como era típico hasta esa época, el grueso de la población Santanera se ubicaba en la zona urbana y las márgenes de los ríos Suárez y Lenguaruco.

 

Las tierras altas presentaban un clima medio - frío y un arrebatador paisaje casi selvático, ya que eran terrenos semiexplotados, de agreste topografía, de humedales y generosas fuentes de agua y considerado por sus moradores como refugio de pesca y caza; mientras que las zonas cálidas del municipio tenían un desarrollo agrícola más acelerado; hasta ese entonces, comienzos de 1900, se había realizado de manera intensiva, por parte de los hacendados, el cultivo de algodón sobre las márgenes de los ríos Suárez y Lenguaruco, las cuales eran tapizadas por un enorme colchón blanquecino, producto del algodón florecido, que inicialmente surtió a los obrajes del Socorro y San Gil entre los años 1700 a 1900 y posteriormente, de 1900 a 1960 a la hilandería de San José de Suaita; los migrantes que penetraron en la zona alta del municipio, desbrozaron el bosque húmedo subtropical del sector, donde su mano fue la artífice y la encargada de perfilar la topografía rural, permitiéndole obtener una variada agricultura de pancoger y un cambio sustancial en los procesos agrícolas de la comunidad Santanera a comienzos del siglo XX.

 

 

9.2.-    EL CASCO  URBANO.

 

Hacia el año 1900, la cabecera municipal de Santa Ana era el asentamiento urbano con mayor perspectiva urbanística del sector. La vida citadina giraba al rededor de unas 300 familias establecidas proporcionalmente en la zona rural y urbana; toda la actividad cotidiana giraba en torno a la plaza principal que para aquel entonces estaba orlada por seis centenarios y bellos rozos, orgullo de la comunidad a cuyas sombras se realizaban, entre otras actividades : el mercado semanal, las fiestas patronales y los más variados acontecimientos sociales y religiosos.

 

Hacia el centro de la plaza desembocaban ocho calles, siendo la principal la denominada " Calle Real o Caliente ", bautizada así por un cura Jesuita, a quien le disgustaba el bullicio y la algarabía de los múltiples vendedores, coteros, revendedores, y de los conatos que regularmente se presentaban en algunos establecimientos ubicados en el sector, como el de Don Pericles Chacón o las diferentes chicherías y cantinas apostadas a lo largo de la calle, como la del viejo Miguel Gámez, quien dejando su natal Suaita emigró como muchos hacia Santa Ana a comienzos de siglo, conquistando a base de trabajo y su mordaz lengua a un importante núcleo de población campesina, que al son de la música popular emanada por una vieja rockola Sanyo, descargaba sus penas y alegrías bajo la mirada picara y zaina del viejo “ Recortao “.

 

La algarabía producida por todos los visitantes producía en la retina de cualquier desprevenido transeúnte, un alegórico y singular cuadro de características Fellinescas, donde se confundían innumerables hombres y mujeres, inmersos en sus propias alegrías y tristezas.

 

Esta singular tienda fue centro de homenajes a los jóvenes políticos de la época y lugar de encuentros lúdicos y serenatas sentidas a la mujer amada.

 

También en el sector se encontraban los almacenes de víveres, rancho y enseres para el aseo personal y el trabajo agrícola; allí se encontraba la barbería y la sastrería, además de la panadería y la fábrica de arepas de seco de Doña Coca Torres, quién junto sus hermanas Zoila, Bertilda, Maruja, Chimina y Rita generaron una importante industria de reconocida calidad, hasta hoy insuperada.

 

Las calles eran destapadas y más parecían senderos de polvo y piedras trilladas que se perdían en los  lotes ejidos del municipio.

 

Hacia 1910 después de la guerra de los Mil Días, no existía ningún servicio público, como hoy moderadamente se conoce, pero era constante encontrar las casas entre amplios patios, solares y huertas donde por lo general deambulaban animales domésticos, sin la preocupación de los dueños por su perdida por cuanto todos los moradores de Santa Ana compartían la vida del lugar en medio de los frondosos y centenarios rozos y los jardines hogareños casi silvestres.



9.3.-    LA ACTIVIDAD COMERCIAL

 

Hacia 1915 se consolida la migración Cundiboyacense y aflora el comercio de víveres en el municipio, al igual que el de abarrotes necesarios para las duras faenas agrícolas y pecuarias que eran y son la base de la economía Santaneca.

 

Igualmente por este año irrumpen en el mercado local un nutrido grupo de familias libanesas y turcas que fortalecieron el comercio informal, acrecentando los negocios de textiles, herramientas de campo, semillas, abonos y cuanta chuchería se pudiera comercializar; estas familias también llegaron a Santa Ana huyendo de la hecatombe de la primera Guerra Mundial, la cual originó una creciente oleada de migrantes europeos y Arabes hacia los países del tercer mundo en busca de nuevos horizontes.

 

Estos ágiles y perspicaces comerciantes presentaron la novedad de las ventas a crédito, transacción comercial que favoreció a muchos finqueros, pero que a otros sectores menos afortunados, por el contrario, les propició una rápida ruina, facilitando a unos pocos intermediarios la compra a base de usura de sus deudas, quedándose con las cosechas y tierras de los morosos; ganancia rápida y segura que despojó a los labriegos de sus luchadas parcelas adquiridas con el sufrimiento de su familia y a costa del trabajo de muchos años al servicio del patrono.

 

Las familias turcas desaparecieron del entorno Santanero entre los años 1930 y 1950, como consecuencia de su vida nómada; sólo unos pocos, tiempo después comercializaban sus productos, entre los que se destacaron los turcos Emilio Jessim y Hattmud Amat padre del hoy conocido periodista Yamid Amat y una señora Chitaraqueña y de quién se dice es natural de Santa Ana.

 

Después del auge comercial con el sistema de crédito, varias de las viejas casonas son demolidas y en su lugar se construyen otras nuevas, más altas, amplías y ventiladas, a estas se le incorporan el baldosín y los balcones; cambian el techo de paja y teja de barro por el brillo deslumbrante de la teja de zinc o de loza; se vuelve un buen negocio comercializar cemento y otros materiales de construcción y se impone la pintura de colores llamativos; se funden algunos andenes en cemento y aparecen los primeros sanitarios modernos, todo lo anterior entre 1920 a 1940.

 

 

9.4.-    COSTUMBRES DE LA EPOCA.

 

En la vida cotidiana de antaño, los Santaneros tuvieron como sana costumbre " ir a baño ", acción que se realizaba en las caudalosas y cristalinas aguas de las diferentes quebradas que circundaban el casco urbano; ir de paseo era de vital importancia para las familias Santaneras, esta acción se realizaba primordialmente en los diferentes sitios que para ello existían, entre los más destacados tenemos el Potrero de " las Gachitas ", la Cómoda, La Laguna, La quebrada Morales y los esteros y lontananzas en las vegas de los ríos Suárez y Lenguaruco, especialmente los sitios denominados " El Guate o las Juntas " y el puente de San Fermín.

El potrero de " Las Gachitas " por su inmediata cercanía al casco urbano era el más concurrido, esta extensión de terreno comprendía desde la actual casa de Vidal Quitían hasta los terrenos aledaños a Alfonso Mora y todo el sector de " Pozo del LLano ", que entre 1897 a 1940 fue propiedad de Don Alcides Santamaria, quien vendió parte del terreno a Don Juan de Dios Nieves y este a su vez lo hizo con los actuales moradores del sector. 

 

Los paseos que allí se celebraban brindaban una importante alternativa de entretenimiento a las muchas familias Santaneras, además que otorgaban la oportunidad para que se efectuara la integración Comunitaria...; estos momentos de integración estaban basados en ciertas normas de comportamiento, como el decoro y el mutuo respeto..."; también era costumbre y muy común, mirar la ropa extendida de los demás en franca complicidad.

 

Los pozos empleados para tal fin se ubicaban en el sector nor - occidental del casco urbano y era normal observar la diaria romería de los moradores que en alegre condumio se desplazaban en las mañanas a tomar un saludable baño en Pozo Empedrado, Pozo Verano, Pozo Chulo o El Pozo del LLano, el cual por su inmediata cercanía era el más concurrido diariamente; esta importante fuente de agua se encontraba ubicado en el potrero de las Gachitas.

Todos los días una romería incontenible de jóvenes y muchachas, muchos de ellos empleados de las casas Santaneras se dirigían hacia el Pozo del LLano con el firme propósito de extraer el preciado líquido, siempre acompañados de una interminable sarta de zurrones, múcuras y calabazos que les servían para almacenar y transportar el agua cristalina, acción que data del año 1700, según croniquilla de la época y registrada en los archivos de la parroquia.

 

Este diario deambular se desarrollo a lo largo de 240 años ininterrumpidamente, hasta que en Agosto de 1958 se dio al servicio el acueducto municipal, el cual fue construido bajo la administración el Alférez Riaño, que según Don Luis ( Cantor ) Hernández era hombre de armas tomar, pues durante su estancia se impulsaron importantes obras de beneficio comunitario, entre las que se cuentan, además del acueducto, el alcantarillado y la apertura de algunas calles.

 

Para aquel entonces, la energía eléctrica la proveía la planta de " La Cómoda ", construida por los Caballero Barrera, dueños de la fábrica de hilados de San José de Suaita, la cual aportó inicialmente el alumbrado público.

 

 

Posteriormente ante la inminente quiebra de la fábrica, incrementó su servicio hacia las casas de habitación; años después hacia 1964 se extendieron la totalidad de las redes y se le otorgó a la planta el cobro del servicio mediante franquicia con la electrificadora de Santander, hasta que a mediados de 1980 la planta dejó de prestar el servicio, convirtiéndose en uno más de los elefantes blancos que adornan nuestra topografía nacional, producto de la mala gestión de sus directivos.  

 

Actualmente la electrificadora de Boyacá presta el servicio de mantenimiento de las redes y genera la energía eléctrica que impulsa el desarrollo del municipio.

  

 

9.5.-    LA CARRETERA PANAMERICANA.

 

La economía Santanera prosiguió su avance a pesar de las continúas luchas guerrilleras que se presentaron durante la época de la Guerra de los Mil Días; hacia 1930 comenzó a generarse una ostensible disminución de las recuas mulares que transportaban los diferentes productos de la zona, debido al acelerado deterioro de los caminos utilizados y a la incertidumbre producida por las constantes crisis de la fábrica de hilados de San José de Suaita, eje económico de los Santaneros y la regiòn desde comienzos de siglo XX, aspecto agronómico que aceleró la siembra y producción de caña panelera con la cual se incrementó la producción de miel, que era un importante producto de comercialización hasta mediados de 1970 y que cedió su espacio a la producción en masa de la panela cuadrada, hoy base de la economía Santanera.

 

En medio del cambio en la balanza comercial de la economía Santanera y cuando se evidenció el fracaso de la ampliación del ferrocarril del noreste, el cual extendió sus redes hasta San Benito pero que sinembargo, nunca se vio y se escuchó el rugir de su pito y la estela de humo de su chimenea en la región, pues este trayecto no fue habilitado debido a inconvenientes de tipo político y burocrático; un hecho insólito cambió la vida cotidiana del pueblo, según relato de Doña Lucrecia Camacho de Morales...

 

" una mañana el extraño estruendo de una bocina, se escuchó en " Calle Caliente ", seguido del rugido rítmico de un motor, al cual se le unió una gran algarabía de infantes entre temerosos y estupefactos, acompañados por una nube blanquecina de polvo que fue elevado por la demencial máquina a su paso, ante la mirada incrédula de los moradores del pueblo y el pánico de gallinas, perros y cerdos que a esa hora deambulaban por las calles "

 

 

" El Jediondo Demonio  ", bautizado así por su negruzca coloración, fue un vehículo de los años 20s, adquirido por Don Epaminondas Garavito en Bogotá, el cual hizo su respectivo recorrido en tren por la vía Bogotá - Chiquinquirá, donde fue prácticamente desmontado pieza a pieza y embalado en baúles de madera, luego de las recomendaciones de rigor fue transportado a lomo de mula por el viejo camino de Vélez, pasando por Cite, Guepsa y El Platanar, hoy San Benito, hasta llegar a Santa Ana, cuya entrada se produjo por el puente de San Fermín, ubicado sobre las aguas del río Suárez en la vereda de San Roque y en tierras de Don Parmenio Torres Peña, donde por lo abrupto del terreno se hizo más difícil su traslado hasta el casco urbano por el camino del Triunfo o la Palma.

 

Nuestro primer vehículo motriz fue celosamente guardado en casa de su dueño, hoy propiedad de la Señora Olimpia Gámboa de Ruíz, ensamblado por un mecánico que fue traído especialmente por don Epaminondas, bajo el más estricto celo hasta que hizo su aparición fantasmagórica como lo relató doña Lucrecia Camacho.

El Jediondo Demonio constituyó la gran novedad del momento y se ocupó durante varias semanas de atormentar las apacibles tardes Santaneras con su estentóreo ronroneo; posteriormente ante el arreglo y apertura de varios caminos, se constituyó en el medio de transporte veraniego hacia algunos lugares cercanos.

 

Por aquel entonces, se inicia el arreglo de algunos caminos veredales como: el Rodeo, San Juan y especialmente a la Unión, camino por donde se transportaban los principales productos del sector y paso obligado de arrieros hacia Chiquinquirá o el Socorro respectivamente y donde se concentraba el fuerte del comercio para la comunidad Santanera.

 

Posteriormente y con la apertura de la carretera panamericana otros vehículos irrumpieron en la actividad comercial de la comunidad.

 

En el camino a la Unión o el Triunfo o la Palma actualmente, que demarcaba el paso por el Puente de San Fermín, construido desde el inicio de la Encomienda de Chimaná, se podía disfrutar de importantes estancias, donde los arrieros y viajeros pernoctaban al compás de una sentida serenata de saltamontes o el lacónico croar de las ranas.

 

Estas posadas de paso brindaban al viajero una apacible merienda en medio del ajetreo de la arriería; estas casonas o posadas eran sitios de obligada parada, pues en medio de lo azaroso del clima y del trabajo, constituían punto de encuentro y partida de toda suerte de mercancías, registrándose un importante intercambio comercial; allí las penas o las alegrías eran contadas y compartidas por los compañeros de viaje, era el refugio para el cansancio o la abrazadora lluvia; en estas casonas se fortalecían o se derrumbaban las esperanzas, es por ello que en sus anchos pasillos se confundían el artesonado de sus barandas de graciosas figuras, las cuales eran acompañadas por varias butacas de madera y algunas mesas de formas diversas, todo ello sobre el piso de adobe o tierra apisonada; también engalanaban la instancia bellos racimos de flores que pendían de los cielorasos en materas hachas a base de bejucos o ramas que le daban un singular encanto a la estancia; las diferentes paredes de tapia pisada, eran adornadas por múltiples imágenes de carácter religioso a las cuales los diferentes caravanas encomendaban sus recuas y mercancías.

 

Hacia la madrugada de cualquier día, el aroma a café  recién tostado invadía todas las instancias de la casa, razón por la cual el cortejo comenzaba su labor, después de una reconfortante siesta, descanso que se realizaba sobre el suelo ralo o sobre una pequeña estera de junco, donde la almohada se componía de la vasta de la mula más apreciada o sobre la enjalma de turno; estos recios hombres se enroscaban en sus ponchos o ruanillas para atemperar el frió de la madrugada y comenzar las labores cotidianas, bajo el aroma del café cerrero y el olor incomparable a hierba mojada.

 

De estas incomparables casas de paso, aún hoy se mantienen en pie algunas y sobreviven al paso inexorable del tiempo, como son : La Horqueta, el Casino Alemán y Ventaquemada, que se encuentran en proceso de ruina y sin la injerencia económica y social que otrora generaban.

 

La compañía " Morrison " fue la encargada de la apertura de la carretera Panamericana, por tal motivo hacia mediados de 1958, de repente en el municipio se vivió una especie de euforia colectiva, traducida en un singular frenesí de cambio, de novedad y de renovación, según Don Tomás Noguera.

Con la apertura de la Vía aparecieron nuevas actividades y ocupaciones, mucha gente envidiaba a los " Carretunos " y a los " Volqueteros "  por que ganaban buen dinero y por que de paso habían adquirido un nuevo status social que les permitió abrir nuevos negocios, que hasta la fecha eran patrimonio de las familias ancestralmente constituidas y consolidadas; este status les permitió también conseguir la mano de algunas de las jóvenes casaderas de entonces, razón de más para despertar la animadversión de la comunidad; pero con el avance de la carretera paulatinamente este fenómeno social en nuestro municipio fue desapareciendo.

 

La carretera, consolidó la apertura para el futuro socio - económico de Santa Ana, su trayecto siguió hacia Vado Real, El Olival, Oiba y El Socorro permitiendo el enlace entre Bogotá y Bucaramanga, acortando su trayecto vial y por consiguiente haciendo más ágil el transporte de personas y mercancías. 

 

La vía hizo posible que fuera más fácil y cómodo viajar a Barbosa, Moniquirá, Tunja o Bogotá y volver en un período de tiempo más corto, ahora la complicación era el costo del transporte y los aún onerosos gastos de viaje; entonces surgieron nuevos roles de discriminación, los que podían y los que no podían viajar por no contar con los recursos financieros necesarios.

 

La apertura de la carretera logró originar, aún a pesar de su costo, la única opción para algunas familias de abrir la mirada a nuevos horizontes, ya no se dependía de la tradicional pleitesía a las gentes acomodadas y la época de encargos y encomiendas de favores, recurriendo a los demás pertenecía al pasado.

"... había mucho de ilusión en esos viajes a Bogotá y comprobar que el mundo era mucho más que Barbosa, Moniquirá o Vélez; cada salida era un viaje esporádico, uno o dos por año; las despedidas eran tristes y acompañadas por el llanto de la Madre y las Hermanas, mientras el Padre detallaba las mil y una recomendaciones, explicándole al viajero, los deberes o esa sarta de encargos que debía cumplir a su regreso..."

 

Según Don Jaime Riveros... " ya no nos tocó realizar esos extenuantes viajes a Bogotá por el viejo y tortuoso camino de Vélez, pasando por el Triunfo, el puente de San Fermín, Guepsa y Barbosa donde se tomaba el tren por la vía a Chiquinquirá para llegar luego a la capital, con la consabida sarta de encargos que nos torturaban a nuestro regreso citadino  "; una vez  construida la carretera central se hizo más fácil viajar en nuestro propio carro.

 

 

9.6.-    LA VIDA COTIDIANA.

 

 

Eran los tiempos cuando detrás de la carreta donde se repartía la cerveza, corría una incontenible jauría de niños que con la cara descompuesta por el esfuerzo, pedían a grito en cuello les regalaran las tapas de cerveza y los lápices para escribir o rasguñar las primeras letras.

 

En este período era imprescindible que en cada fiesta de guarda la comunidad solvente estrenará vestido y los trabajadores lucieran sus mejores galas, además eran comunes las verbenas bailables al son del requinto y el tiple de los hermanos Peña o el turrumis tumis " del viejo  Guatumillo " personaje de extracción campesina quien alegraba con sus coplas y su singular voz, las tiendas de Calle Caliente o Pozo del Llano, especialmente las de Doña Pascuala, Marina Abril o Elbecio Santamaria, donde al son del tiple y totuma en mano, los presentes se trenzaban en una continúa danza donde lo importante era no quedarse parado; en estas celebraciones era común observar bellas quemas de pólvora que engalanaban las noches de nuestro apacible terruño. 

 

En la memoria y el gusto de muchos Santaneros de los años 50s y 60s, quedó impregnado el sabor de la gaseosa Leona Pura, la Kolkana, el sabor anisado del aguardiente Sello Negro, el olor a puro tabaco del cigarrillo Piel Roja o el inconfundible sabor de la Bavaria Vieja que venía en cajas de madera, la cual era repartía por Don Olivo Villamil en su frágil carreta que era movida de forma lenta y descomplicada por una burra mocha que recorría el pueblo cada tercer día.

 

En este recorrido, quien se puede olvidar de las alegres tocatas musicales bajo los frescos y centenarios rosos en ferias o en aquellos diciembres o en las reiteradas serenatas a la mujer amada; como no recordar las plácidas tertulias en el billar de Don Pericles Chacón o la llegada de la primera rockola musical, traída por Luis Lorenzo Peña y que se convirtió en el centro de atracción del vecindario y la región, pues era el atractivo en la celebraciones de los múltiples bailes y fiestas particulares que fueron amenizadas por el alegre sonido de este aparato.

 

Las horas navideñas vivieron su época de esplendor dorado entre los años 60s y 70s, cuando los rosarios eran multitudinarios en virtud a que se mantenía una inquebrantable fe en los oficios cristianos; la natividad se vivía a plenitud, pues era el tiempo donde toda la familia se reunía en torno a el pesebre navideño.

Recordemos aquí, al Padre Salomón Jiménez que acompañado de su alegre acordeón encabezaba todos los eventos de esta efemérides, al son de cánticos y coros; se sentía, se vivía, se esperaba con ansiedad y esperanza la realización de las inolvidables horas navideñas a las cuales asistían gentes de Suaita, San José de Pare, Chitaraque, Guepsa, Vado Real y Oiba, además de un nutrido número de Santaneros que una vez transcurrido el respectivo rosario, se apostaban alrededor del atrio parroquial donde una infinidad de artistas ofrecían un variado espectáculo, bajo el manto de la noche y al son de canciones, concursos, poesías, dramatizaciones, letanías, coplas o reinados formaban parte de la caravana lúdica.

 

Rememoremos aquí el fastuoso reinado que presenciaron las retinas de más de dos mil personas, donde todos sus participantes eran hombres y que fue el acto central de aquella navidad de 1975, entre los concursantes se encontraban Don luis ( Cantor ) Hernández y Don Jaime Riveros animadores permanentes de las horas navideñas, todos los participantes desfilaron en trajes de calle y noche, pero el clímax de la presentación fue el desfile general en traje de baño, pues maquillados de forma extravagante y con zapatos de puntilla que no encajaban en sus pies, desfilaron con donaire ante el público que se desbordó en aplausos y sonoras carcajadas que le dieron a la noche un tinte único, mágico y de características Fellinescas. 

Cabe aquí hacer un paréntesis para nombrar a las hermanas Hernández, “ Cielito Lindo “, Raquel Noguera, Hilda Peña....., y a Doña Pavita, señora de excelsas calidades humanas y personales que eran las encargadas de organizar y darle contorno a todas las presentaciones que se realizaban en la navidad, personas alegres y espontáneas que le brindaron parte de su vida a nuestro terruño y a estas magnas celebraciones.

 

Santa Ana a mediados de 1950 era el centro agropecuario más importante del sector y central de abastos para la compra de algodón, el cual era arreglado, desmotado, embalado y empacado en “ la vieja Desmotadora ", construcción de comienzos de siglo, realizada para tal fin, que posteriormente fue restaurada y se convirtió en el primer claustro del Colegio " Antonio Ricaurte " hacia 1965; también podemos destacar la producción de café, panela, maíz y frijol que eran los productos de mayor extensión en el municipio.

 

Todo parecía pronosticar tiempos de bonanza y tranquilidad.  En el casco urbano se producen nuevas modificaciones urbanísticas y algunas casas muestran sus fachadas con molduras y alisamientos en cemento, muchas de ellas adoptan una figura cuadrática con cornisas y celosías de bloque-cemento y en otros se experimentan manejos de texturas y enlucimientos de paredes mediante la utilización de cales de colores y barnices ocres; la electrificación urbana, el acueducto, el alcantarillado, la parcial pavimentación de las principales calles son ya una realidad, conduciendo al pueblo a su expansión urbanística y a su literal desarrollo social


9.7.-   LA VIOLENCIA EN SANTA ANA.

 

Hay palabras que encierran enormes significados, que por si solas, van más allá de su interpretación cotidiana y que se arraigan en la conciencia del pueblo y la hacen reaccionar con solo nombrarlas. 

 

Es el caso del nombre de Jorge Eliecer Gaitán que nuestros mayores asocian sin necesidad de reflexión a la presencia vital y refrescante del líder del común político colombiano, el líder del campesino raso.

 

Pero antes de referirnos a este abrupto acontecimiento y que fuera el vórtice de un cruento episodio de la vida nacional, referiré como a comienzos de 1900 existió un importante número de guerrilleros campesinos, los cuales empujados por el creciente conflicto político de los dos partidos que desencadenó en la guerra de los Mil Días, decidió tomarse la justicia por su cuenta y por consiguiente se dedicaron a asolar la región de la hoya del río Suárez con sus desmanes y sus reiterados asaltos.

Una de esas cuadrillas era comandada por la imponente figura de Pío Quinto Pinzón alias " El Patas ", o como nuestros abuelos lo conocieron , simplemente " Pío Quinto Patas ", hombre de mirada cetrina, de semblante adusto, de manos recias curtidas por las labores fatigantes del campo, de rostro duro y cuadrado, de temperamento quisquilloso, ejemplar jinete y hombre de armas tomar, personaje que por espacio de varios años sembró de pánico y terror a los hacendados de la zona y generó muestras de admiración y respeto entre los más desvalidos, especie de Robin Hood criollo, sin arco ni flechas, pero con un par de trinquetes al cinto que infundían un incondicional respeto a quien se lo encontrara en el tortuoso camino o en la oscura noche.

 

Este temperamental personaje escribió a sangre y fuego una página negra en la historia de Santa Ana, pues fue el cabecilla de un cruento asalto en las calles del pueblo. 

 

Segùn relato de mi abuelo Juan Rivera: en un atardecer, poco antes de ser abatido en Suaita, Pío Quinto Patas apostó a sus hombres a la salida del pueblo, sobre las aguas raudas de la quebrada " El Guaimaro ", que hoy es un simple zanjón que cubren las casas de Luis Pardo y la Familia Rivera Mosquera, con el fin de asaltar las arcas y el correo municipal.

 

La acción fue violenta y dantesca, esta se produjo hacia las siete de la noche en el sitio señalado, los bandoleros amparados por las sombras de la noche se apoderaron del botín instantes después que este había salido de la pequeña cárcel municipal, llamada " la olla " y posteriormente " Panelitas ", hoy la casa de Ana Sael Rincón, rumbo a la ciudad de Suaita y con una escolta de cinco personas las cuales fueron abatidas al cruzar el puente provisional ; luego fueron rematadas en el suelo y despojadas de sus ropas, armas y elementos personales, además del correo y las contribuciones recolectadas durante todo el mes.

 

Posterior a este asalto, Pío Quinto Patas fue dado de baja en las mismas calles de Suaita al fracasar un nuevo asalto ;  su cabeza fue arrastrada y colocada sobre una escarpia en una esquina del poblado a manera de escarmiento por la acción guerrillera en plena Guerra de los Mil Días año de 1903.

 

En el lugar de los escabrosos hechos en Santa Ana, la quebrada del Guaimaro, se construyó un hermoso puente, parecido al puente del común en las afueras de Bogotá, el cual se llamó " De Los Mártires ", el cual fue derribado para dar paso a la construcción y pavimentación de la calle, por ello hoy sólo se conserva la anterior reseña oral como mudo testigo de este vivo período de la vida municipal.

 

Retomemos el año de 1948, Gaitán en su época y aún ahora, ha sido la base para que el pueblo colombiano enarbole sus banderas revolucionarias contra los poderosos, por su indiferencia ante el desamparo social, mediante la acción democrática. 

 

Gaitán surgió a la vida pública cuando se hizo más evidente la crisis generada por la hegemonía conservadora, la cual mantuvo a el pueblo en situación secular, olvidado y analfabeta.

 

" La política es por el hombre y para el hombre ", manifestaba airado a sus contertulios, por ello le enseñó al pueblo sus derechos y la base para luchar por sus propios intereses.  Ese 9 de abril de 1948, al rededor de la una de la tarde, de repente el gigante dormido, el amordazado gigante de las complicaciones, de los complicados, de las contradicciones de lo social y la pugna sectaria de los dos partidos tradicionales, prende la llama de la violencia en Colombia, con la muerte vil, abrupta y cobarde del " Caudillo del Pueblo ", Jorge Eliecer Gaitán.

 

Entre los años 1950 y 1962, nuestro municipio encabeza el no meritorio lugar de ser uno de los principales centros donde la inseguridad, el saqueo, la intimidación, la persecución política y las muertes violentas no tienen control; la muertes se suceden una tras otra, amparadas por las sombras de la noche y por la complicidad de los ejecutores, sazonadas por la furia incontenible de las bajas pasiones, encendidas por el desprecio manifiesto entre ambos bandos " el conservador y el liberal ", los cuales se trenzaron en una lucha fratricida que enlutó a varios hogares Santaneros durante este período.

 

Muchos de los habitantes del municipio se vieron en la penosa necesidad de abandonar sus haberes, sus predios, sus parcelas y hasta sus casas o tratar de venderlas o casi regalarlas a los oportunistas que afloraron con la ocasión y emprender así de la noche a la mañana uno de los más tristes y detestables éxodos a que se ha visto sometida la población Santanera.

 

Fueron tiempos oscuros, fueron años de olvido y de odios mal cicatrizados; fue la época en que se perdió la memoria colectiva de las gentes y sólo progresó la astucia y el oportunismo a costa de los que partieron y de los que se quedaron a reconstruirlo todo.

 

Este período fue el más cruento de la historia reciente de Santa Ana, hubo escenas dantescas que rayaron en lo demencial, pues las muertes acaecidas presentaron un cuadro fuera del contexto real, razón por la cual no son consignadas en este relato, pero que tendrán un espacio asegurado en otro trabajo de estas características.

 

Ahora somos otros los moradores, las familias, las necesidades y prioridades han aumentado con el tiempo. 

 

Desde 1963 se ha logrado restablecer paulatinamente la pacificación y la comunidad y las autoridades municipales volvieron lentamente a reforzar acciones gubernamentales en los sectores antes afectados.  

 

Poco a poco las fincas tornaron a los cultivos tradicionales de pancoger y se incrementó el cultivo y la producción de caña panelera; además las entidades bancarias abren nuevas líneas de crédito para los agricultores.

 

Comienza la ampliación de las redes del acueducto y alcantarillado, se pavimentan las principales calles, se remodela la Desmotadora donde funciona Telecom, el palacio municipal sufre importantes cambios internos, se construye y traslada el Colegio " Antonio Ricaurte " entre otras actividades importantes, además se comienza un proceso de reordemaniento social y económico; se incrementa el asentamiento humano en el casco urbano como respuesta al auge e incremento comercial del municipio y se registra la llegada de nuevos pobladores venidos de municipios circunvecinos, como Guepsa, Suaita, Moniquirá, Toguí y Oiba entre otros, que toman posesión de casas y parcelas, afincando sus esperanzas bajo el amparo de esta tierra grata y labrantía.

 

 
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